CONSIGNAS PARA CASOS DE ESTUDIO JURÍDICO DE FAMILIA
Ejerciendo de abogados/as
Cada equipo actuará como estudio jurídico, evacuando
la consulta de un cliente, brindando el mejor asesoramiento. Deberán acompañar
al cliente en su estado emocional del momento, ya sea para apoyarlo, bajarlo a
la realidad, calmarlo, etc.
Deberán escuchar lo que pretenda el cliente, particularmente
las posibilidades legales de su pedido y las consecuencias de cada recomendación
que le hagan.
Serán evaluados en función de la atención profesional
“integral” que brinden.
Siendo cliente/a
Cada equipo escogerá participantes, según el caso,
para ir al estudio jurídico a consultar por su problema. Intenten asumir el perfil
psicológico del cliente/s, su estado emocional, sus deseos, su miedos, etc.
Caso 1: Grupo 1 cliente y grupo 2 estudio jurídico
Caso 4: Grupo 2 cliente y 1 grupo estudio jurídico
Caso 2: Grupo 3 cliente y grupo 4 estudio jurídico
Caso 5: Grupo 4 cliente y grupo 3 estudio jurídico
Caso 3: Grupo 5 cliente y grupo 6 estudio jurídico
Caso 6: Grupo 6 cliente y grupo 5 estudio jurídico
Caso 1. El niño con autismo y su perro de
asistencia
Una pareja consulta porque la escuela a la que
concurre su hijo de 8 años, diagnosticado con trastorno del espectro autista
(TEA), no permite que ingrese acompañado de su perro.
El niño asiste a esa escuela desde primer grado y
había presentado episodios de angustia y desregulación emocional que, en
ocasiones, obligaban a retirarlo antes de finalizar la jornada.
Desde que comenzó a realizar terapia asistida con
un perro caniche toy especialmente entrenado, su comportamiento mejoró
considerablemente. Se siente más seguro, está más tranquilo y puede
desenvolverse mejor. Su psicóloga recomienda que el animal también lo acompañe
durante las clases.
Sin embargo, la dirección de la escuela sostiene
que su reglamento prohíbe el ingreso de animales a las aulas. Además, en el
curso hay una niña con una alergia importante a los perros, cuyos padres ya
manifestaron su oposición.
Los padres consideran que la escuela está
discriminando a su hijo y quieren iniciar acciones legales para conseguir que
el perro pueda acompañarlo.
Para quienes actúen como clientes
Los padres están preocupados por el bienestar de su
hijo y sienten que la escuela no comprende sus necesidades. Están convencidos
de que el perro es indispensable para su integración escolar.
Durante la entrevista se muestran indignados con la
institución y consideran injusto que la alergia de una compañera pueda impedir
que su hijo reciba la ayuda que necesita.
Insisten en que no quieren cambiarlo de escuela y
preguntan si pueden conseguir una orden judicial que obligue a permitir el
ingreso del animal.
Preguntas que pueden hacer los clientes
- ¿La
escuela puede prohibir que nuestro hijo entre con su perro solamente
porque el reglamento dice que no pueden ingresar animales? ¿No es
discriminación?
- ¿No
alcanza con que su psicóloga diga que necesita al perro? ¿Tenemos que
conseguir un certificado médico o demostrar alguna otra cosa?
- ¿Qué
diferencia hay entre un perro de asistencia y uno que se utiliza para
hacer terapia? ¿Eso puede cambiar nuestros derechos?
- ¿Por
qué nuestro hijo tiene que quedarse sin su perro porque una compañera es
alérgica? ¿No deberían buscar una solución para que puedan estar los dos?
- ¿La
escuela puede obligarnos a contratar un acompañante terapéutico en lugar
de llevar al perro? ¿Y quién lo pagaría?
- ¿Pueden
decirnos que busquemos otra escuela? ¡Nuestro hijo va ahí desde primer
grado y tiene todos sus amigos!
- ¿Tenemos
que preguntarle a nuestro hijo qué quiere hacer? ¿Su opinión tiene alguna
importancia legal si solamente tiene 8 años?
- ¿Podemos
hacerle juicio a la escuela? ¿No podemos conseguir una orden judicial
urgente para que dejen entrar al perro mientras se resuelve todo esto?
Caso 2. Mi hijo gastó $800.000 en un videojuego
Un hombre consulta porque su hijo de 12 años utilizó su tarjeta de crédito
para gastar $800.000 en compras dentro de un videojuego.
Tiempo atrás, el padre le había autorizado una compra de $10.000 y los datos
de la tarjeta quedaron guardados en la plataforma. El niño continuó realizando
compras sin pedirle autorización.
Aunque sabía que los objetos del videojuego costaban dinero real, los
precios aparecían principalmente expresados en créditos virtuales y el niño
asegura que no comprendió cuánto dinero estaba gastando.
Cuando el padre descubrió los consumos, reclamó al banco, pero le
respondieron que las operaciones habían sido correctamente autenticadas.
También se comunicó con la empresa del videojuego, que rechazó su pedido de
devolución.
El hombre considera que ambas empresas se aprovecharon de su hijo y quiere
recuperar todo el dinero, además de obtener una indemnización por lo ocurrido.
Para quienes actúen como clientes
El padre llega al estudio jurídico completamente enfurecido. Se siente
estafado y considera que tanto el banco como la empresa del videojuego son
responsables de lo ocurrido.
Habla en voz alta, insulta a las empresas e interrumpe constantemente a los
abogados. Exige que le consigan una indemnización millonaria y quiere denunciar
penalmente al empleado del banco que lo atendió por teléfono, llamado Juan
Quirno, porque le dijo que no le devolverían el dinero.
No acepta fácilmente que pueda tener alguna responsabilidad por haber dejado
guardada su tarjeta. Cuando los abogados intentan explicarle las dificultades
de su reclamo, los acusa de estar defendiendo a las empresas.
Preguntas que puede hacer el cliente
1. ¿Cómo
puede ser que un chico de 12 años pueda gastar $800.000 con una tarjeta? ¿Esas
compras son legales?
2. ¿No
puedo desconocer los consumos y negarme a pagarlos? ¿Para qué está el banco si
permite semejante cosa?
3. ¿No
tiene responsabilidad la empresa del videojuego por dejar que un menor gaste
esa cantidad de plata? ¿No deberían controlar quién está comprando?
4. ¿Y
qué importa que mi hijo supiera que estaba gastando plata? ¡Él dice que eran
créditos del juego y que no sabía cuánto estaba gastando realmente!
5. ¿Me
van a decir que la culpa es mía por haberle dejado la tarjeta guardada? ¡Yo
solamente le había autorizado una compra de $10.000!
6. ¿Puedo
hacerles juicio al banco y a la empresa del videojuego? ¿Cuánta plata les
podemos sacar por todo esto?
7. ¿No
puedo denunciar penalmente al empleado que me atendió? Se llama Juan Quirno.
¡Quiero que vaya preso por estafador!
8. ¿Qué
tengo que hacer para recuperar mi plata? ¿Y si el banco me cobra igual los
consumos mientras hacemos el reclamo?
Caso 3. Queremos educar a nuestro hijo en casa
Situación
Una pareja consulta porque decidió retirar a su
hijo de 9 años de la escuela para educarlo en su casa. Consideran que el
sistema educativo tradicional es deficiente, que limita la creatividad de los
niños y que ellos pueden ofrecerle una formación mucho mejor.
Hace cuatro meses que el niño no concurre a la
escuela. Recientemente, una trabajadora social del Ministerio de Educación
visitó a la familia para conocer su situación y les informó que, si el niño
continuaba sin escolarizarse, tendría que comunicarlo a las autoridades
correspondientes.
Los padres consideran que esta intervención
constituye una intromisión del Estado en su vida familiar y una violación de
sus libertades constitucionales.
Afirman que su hijo está aprendiendo más que antes
y que no piensan enviarlo nuevamente a la escuela.
Sin embargo, el niño les ha manifestado
reiteradamente que quiere volver porque extraña a sus compañeros. Sus padres
conocen ese deseo, pero consideran que todavía es demasiado pequeño para
decidir sobre su educación.
Quieren saber qué pueden hacer para impedir que el
Estado intervenga y conseguir que se respete su decisión.
Para quienes actúen como clientes
Los padres llegan al estudio jurídico convencidos
de que están defendiendo su libertad y los derechos de su familia frente a un
Estado autoritario.
Se muestran indignados por la visita de la
trabajadora social, a la que califican de «persecución» y «acto fascista». Dicen
que son socialistas y eso parece no gustarles a las autoridades del PRO y a Milei.
Insisten en que la Constitución Nacional les reconoce el derecho a educar a sus
hijos según sus propias convicciones.
Consideran que los abogados deben encontrar alguna
disposición constitucional que les permita continuar con la educación
domiciliaria.
Cuando se menciona el deseo del niño de regresar a
la escuela, minimizan su importancia y sostienen que los adultos saben qué es
lo mejor para él.
Preguntas que pueden hacer los clientes
- ¿No tenemos nosotros,
como padres, el derecho constitucional de decidir cómo educar a nuestro
hijo?
- ¿Es ilegal que lo
eduquemos en casa, aunque podamos demostrar que está aprendiendo más que
en la escuela?
- ¿El Estado puede
obligarnos a mandarlo a una escuela? ¿No es una intromisión en nuestra
vida privada?
- ¿Podemos denunciar a
la trabajadora social por venir a nuestra casa y amenazarnos?
- ¿Qué puede pasar si
seguimos sin mandarlo a la escuela? ¿Nos pueden multar o incluso sacar a
nuestro hijo?
- ¿Por qué tenemos que
hacerle caso a un chico de 9 años que quiere volver a la escuela? ¿No
somos nosotros quienes decidimos qué es mejor para él?
- ¿No podemos presentar
un amparo para que la Justicia nos deje educarlo como queremos?
- ¿Qué nos recomienda
hacer para que el Ministerio de Educación deje de molestarnos?
Caso 4. Encuentros swingers y embarazo
Situación
Un piloto de Aerolíneas Argentina de 42 años, de apellido Vergara, consulta
porque mantiene desde hace tiempo encuentros sexuales con un matrimonio amigo,
los Cambiasso, y la mujer quedó embarazada.
Por las fechas y por una prueba de ADN prenatal, saben que Vergara es el
padre biológico. Sin embargo, el matrimonio quiere tener al bebé y criarlo como
hijo propio, sin que Vergara intervenga en su vida.
Antes del embarazo, los tres habían hablado expresamente de que sus
encuentros eran exclusivamente sexuales y que ninguno pretendía formar nuevos
vínculos familiares. Cuando se enteraron del embarazo, Vergara estuvo de
acuerdo con que el matrimonio criara al niño y les dijo: «Es hijo de ustedes,
yo no quiero intervenir». No firmaron ningún acuerdo.
Sin embargo, a medida que avanza el embarazo, Vergara comienza a cambiar de
opinión. Ahora siente que ese hijo también es suyo y que no quiere quedar
excluido de su vida. Se imagina llevándolo a la plaza, enseñándole a andar en
bicicleta y compartiendo momentos con él.
Cuando les comunica su cambio de opinión, los Cambiasso se enfurecen. Le
recuerdan lo que habían acordado y le dicen que no permitirán que destruya su
familia. El marido sostiene que él será el padre del niño y que Vergara no
tiene ningún derecho a intervenir.
Vergara quiere saber si puede reconocer al hijo, darle su apellido y exigirle
a los Cambiasso convivir los tres bajo un mismo techo para la crianza del niño.
Para quienes actúen como clientes
Vergara llega al estudio jurídico nervioso, avergonzado y confundido. Le
cuesta explicar cómo se produjo el embarazo y teme que los abogados lo juzguen
por sus prácticas sexuales.
Al comienzo intenta justificar su comportamiento y dice: «Yo sé que ustedes
pensarán que somos unos degenerados, pero tienen que entenderme. Nunca quisimos
que pasara esto».
A medida que avanza la entrevista, se muestra más seguro de su deseo de ser
padre. Insiste en que el niño lleva su sangre y que nadie puede quitarle ese
derecho.
Sin embargo, tiene sentimientos contradictorios. Por momentos piensa que
sería mejor no intervenir para evitar conflictos con el matrimonio. También le
preocupa que, si reclama la paternidad, tenga que pagar alimentos o asumir
responsabilidades económicas que no había previsto.
Espera que los abogados le digan que, por ser el padre biológico, tiene
derecho a decidir sobre la vida del niño. Se incomoda cuando le explican que la
situación puede ser más compleja.
Preguntas que puede hacer el cliente
1. ¿Legalmente
soy el padre aunque ella esté casada con otro hombre? ¿No alcanza con que
tengamos una prueba de ADN que demuestra que el hijo es mío?
2. ¿Puedo
reconocerlo cuando nazca y hacer que lleve mi apellido? ¿Qué pasa si el marido
de ella se opone?
3. ¿Ellos
pueden anotarlo como hijo del matrimonio sabiendo que el padre biológico soy
yo? ¿Y si lo hacen, después puedo reclamar?
4. ¿Tengo
derecho a verlo, llevarlo a mi casa y participar de su crianza? ¿La madre puede
prohibirme tener contacto con él?
5. ¿Importa
que antes del embarazo los tres hubiéramos acordado que no queríamos tener
hijos entre nosotros? ¿Y que yo les haya dicho que podían criarlo como suyo?
6. ¿Podemos
firmar un acuerdo entre los tres para decidir quién será legalmente el padre?
¿Y si ahora acepto no intervenir, puedo cambiar de opinión dentro de cinco
años?
7. ¿Me
pueden reclamar alimentos aunque ellos no quieran que vea al chico? ¿Y si yo
renuncio a la paternidad, también renuncio a tener que mantenerlo?
8. ¿Qué
pasa si el chico crece creyendo que el marido de su madre es su padre? ¿Tiene
derecho a saber que yo soy su padre biológico?
9. ¿No
tengo más derechos que el marido por ser el verdadero padre? ¿Puede un chico
tener legalmente dos padres y una madre?
10. ¿Qué me
aconsejan hacer? Porque yo al principio no quería saber nada, pero ahora siento
que es mi hijo y no quiero que lo críen otros.
Caso 5. Un embarazo por un DIU mal colocado
Situación
Una mujer de 36 años consulta porque quedó embarazada a pesar de haberse
colocado un dispositivo intrauterino (DIU) para evitar tener más hijos.
Está casada, tiene tres hijos y su situación económica es complicada. Con su
marido habían decidido no ampliar la familia porque consideran que apenas
pueden afrontar los gastos actuales.
Hace unos meses acudió a un ginecólogo para colocarse el DIU. El profesional
le explicó que era un método anticonceptivo muy eficaz y le indicó que
regresara para realizar un control posterior. Sin embargo, la mujer nunca
concurrió a esa consulta porque se sentía bien y consideró que no era
necesario.
Recientemente descubrió que está embarazada. Otro ginecólogo le informó que
el DIU no se encontraba en la posición adecuada, aunque todavía no se ha
determinado si fue colocado incorrectamente desde el principio o si se desplazó
posteriormente.
La mujer es católica practicante y sostiene que interrumpir el embarazo no
es una opción para ella. Está decidida a continuar con la gestación, pero considera
que el médico que le colocó el dispositivo es responsable de haber alterado por
completo los planes de su familia.
Quiere demandarlo, obtener una indemnización importante y conseguir que se
haga cargo de todos los gastos que ocasionará el nuevo hijo.
Para quienes actúen como clientes
La mujer llega al estudio jurídico profundamente angustiada y enojada. Se
siente engañada por el médico y considera que su negligencia le arruinó la
vida.
Durante la entrevista alterna momentos de indignación, en los que insulta al
profesional y exige que le retiren la matrícula, con otros en los que se
muestra preocupada por el futuro económico de su familia.
Insiste en que ella hizo lo necesario para evitar un nuevo embarazo y que no
tiene por qué soportar las consecuencias de un error médico.
Cuando los abogados le preguntan por el control posterior, reconoce que no
concurrió, pero se molesta si le sugieren que eso podría tener alguna
importancia.
También se muestra particularmente sensible cuando se habla del embarazo
como un daño. Aclara que no rechaza a su futuro hijo, sino las circunstancias
en las que quedó embarazada. Considera que su decisión de no abortar debe ser
respetada y que nadie puede utilizarla para limitar su reclamo.
Preguntas que puede hacer la clienta
1. ¿Puedo
demandar al ginecólogo por haberme colocado mal el DIU? ¿No es evidente que
hizo algo mal si terminé embarazada?
2. ¿Qué
pasa si el médico dice que ningún anticonceptivo es cien por ciento efectivo?
¿Eso significa que no tiene ninguna responsabilidad?
3. ¿Tengo
que demostrar que colocó mal el DIU? ¿Cómo voy a probarlo si yo no entiendo
nada de medicina?
4. ¿Me
pueden decir que tuve la culpa por no haber ido al control? ¡Yo me sentía
perfectamente bien y nadie me dijo que podía quedar embarazada por eso!
5. ¿El
médico tiene que pagar todos los gastos del embarazo y del parto? ¿Y no debería
mantener al chico hasta que cumpla 18 años?
6. ¿Podemos
reclamar una indemnización por el daño psicológico que nos produjo esta
situación? ¿Y por todos los cambios que vamos a tener que hacer en nuestra
vida?
7. ¿Que
yo sea católica y no quiera abortar cambia algo? ¿Me pueden decir que podría
haber evitado tener al hijo y que por eso no me corresponde una indemnización?
8. ¿Mi
marido también puede reclamar? Él tampoco quería tener más hijos y está tan
preocupado como yo.
9. ¿Podemos
pedir que le saquen la matrícula al médico? ¿No se puede denunciarlo penalmente
por lo que hizo?
10. ¿Cómo se
calcula una indemnización por algo así? Porque yo voy a querer mucho a mi hijo,
pero eso no significa que el médico no tenga que hacerse cargo de lo que nos
hizo.
Caso 6. Mi madre de 87 años le regaló la casa al portero
Situación
Dos hermanos consultan porque descubrieron que su madre, una mujer de 87
años, donó su departamento al encargado del edificio donde vive.
La mujer es viuda y vive sola desde hace varios años. Sus hijos la visitan
ocasionalmente, pero el encargado se ha convertido en su principal compañía. Le
hace las compras, la acompaña al médico, la ayuda con los trámites y suele
pasar varias horas al día con ella.
Hace seis meses, la mujer decidió donarle su departamento como
agradecimiento por todo lo que hace por ella. La operación se realizó ante
escribano público, pero los hijos están convencidos de que el encargado se
aprovechó de la vulnerabilidad de su madre.
Dos meses antes de la donación, un neurólogo había diagnosticado a la mujer
deterioro cognitivo leve, aunque no demencia. En los últimos meses, sus hijos
comenzaron a notar algunos olvidos y dificultades para recordar conversaciones
recientes.
Cuando le preguntaron por la donación, la madre reconoció haberla realizado
y sostuvo que sabía perfectamente lo que hacía. Les dijo que el encargado se
preocupa por ella mucho más que sus propios hijos y que tiene derecho a
disponer de sus bienes como quiera.
Los hermanos quieren anular la donación, impedir que su madre siga
disponiendo de su patrimonio y denunciar al encargado por haberse aprovechado
de ella.
Para quienes actúen como clientes
Los hermanos llegan al estudio jurídico indignados y convencidos de que su
madre está siendo manipulada.
Consideran que una mujer de 87 años, con problemas de memoria, no puede
tomar una decisión patrimonial de semejante importancia sin consultar a sus
hijos.
Durante la entrevista alternan entre la preocupación por la salud de su
madre y el enojo por la posibilidad de perder el departamento familiar y demás
bienes familiares.
Uno de los hermanos insiste en que el encargado es un oportunista que se
aprovechó de una anciana sola. El otro está particularmente molesto por los
rumores de una posible relación sentimental entre ambos y considera que el
hombre podría estar seduciéndola para quedarse con sus bienes.
Cuando los abogados les preguntan por la frecuencia con la que visitan a su
madre, se ponen a la defensiva. Explican que tienen sus propias familias,
trabajos y obligaciones, y que eso no significa que la hayan abandonado.
Tampoco aceptan fácilmente que su madre pueda haber tomado la decisión de
manera voluntaria.
Preguntas que pueden hacer los clientes
1. ¿Podemos
pedir que se anule la donación? ¿Cómo puede ser válido que una mujer de 87 años
le regale su departamento al portero?
2. ¿No
alcanza con que tenga un diagnóstico de deterioro cognitivo para demostrar que
no estaba en condiciones de firmar? ¿Qué diferencia hay entre deterioro
cognitivo y demencia?
3. ¿Importa
cómo estaba mentalmente el día que firmó la escritura? ¿Cómo podemos
demostrarlo si la donación fue hace seis meses?
4. ¿El
escribano no tendría que haberse dado cuenta de que nuestra madre no estaba bien?
¿No tiene alguna responsabilidad por haber autorizado la donación?
5. ¿Podemos
pedir judicialmente que le restrinjan la capacidad para que no siga regalando
sus cosas? ¿Podemos hacer que necesite nuestra autorización para disponer de
sus bienes?
6. ¿Podemos
denunciar al portero por aprovecharse de ella? ¿Y si resulta que tienen una
relación sentimental, eso no demuestra que la está manipulando?
7. ¿Qué
pasa si nuestra madre insiste en que quiso regalarle la casa? ¿Tenemos que
respetar su decisión aunque nos parezca una locura?
8. ¿Ella
puede dejarnos sin herencia regalándole todo a otra persona? ¿No tenemos algún
derecho sobre ese departamento por ser sus hijos?
9. ¿Podemos
pedir que un médico la examine aunque ella no quiera? ¿Y si se niega a
colaborar con nosotros?
10. ¿Qué nos
aconsejan hacer para recuperar el departamento y evitar que este hombre siga
aprovechándose de nuestra madre?

Comentarios
Publicar un comentario